martes, 24 de junio de 2008

Cosas que dicen de Tortita de Manteca



A continuación transcribo apreciaciones sobre la obra de algunas mujeres que vieron el espectáculo en sus dos primeras funciones.

Por donde empezar…

La música, el sonido de la obra me gustó mucho.

La iluminación también.

No sé si habrás visto alguna película de David Lynch. Y sobretodo te recomiendo Munholand drive o camino de los sueños. Si no la viste te va a gustar. Creo que tortita tiene mucho del mundo lynchiano.

La estética, geométrica. Me gusta la geometría en las artes visuales.

Me gusto la puesta. El montaje. Porque la combinación de luz y sonidos, y texto construía un montaje muy interesante.

Las actuaciones estaban bien. Si no te molesta, espero que no, creo que falta como cierta conexión entre ellas, me cuesta quizás explicarlo. Ellas en un momento, anterior al beso, se ríen, ahí veo una conexión, la siento al verlas. Pero después, hay una distancia que tiene que ver una parte con la historia, pero que se siente vacía. No se. He tenido malos vínculos, caóticos, etc. Siento que falta un cierto dolor, de un amor que fue, de una traición. No sé si se entiende. Pero como espectadora, lesbiana, siento que falta algo.

Espero que no te moleste, ni lo tomes como desubicado.

Me parece maravilloso el trabajo que haces, y como trabajas para que los proyectos salgan.

Te felicito a vos y a checha y a toda la trup de teatro en crudo.

Cualquier cosa que necesites me avisas. Siempre es un gusto ir a ver tus obras.

Con mucho cariño

flor


UN COMENTARIO DE NORMA LISA TUBIDA


Historias sobre aquello que –por superficialidad y ligereza- se suele llamar amor, historias terminadas y que se desempolvan cuando ciertas necesidades o sus motores maestros –los deseos- apremian, se representan continuamente en el teatro. El amor/los amores y la pareja/las parejas son dos de las más grandes farsas con las que los complejos dispositivos sociales nos mantienen más o menos adaptadx y dan pabilo a las más diversas expresiones artísticas. ­¿Qué es, entonces, lo que para mí resulta destacable en Tortita de Manteca?

Hay varios puntos, entre los que se incluye la relación personal de afecto y camaradería con el autor y director, Martín Marcou. Pero éste no es el factor más importante ni crucial. Conocí a Martín hace un año. Nos conocimos justamente para hablar de lo que entonces no era más que el primer texto/borrador/idea de Tortita. Y desde ese momento me interesó la posibilidad, muy poco vista por estos pagos y en estos tiempos, de encontrar una historia que podría ser entre dos personas cualesquiera, pero que deliberadamente sería protagonizada por lesbianas. ¿Por actrices lesbianas o por personajes lesbianas? Eso no importa en absoluto.

Lo que se narra y se expresa (no siempre en un código narrativo) en Tortita de Manteca es apenas la punta de un iceberg del que no es visible más que una mínima fracción. Sin embargo, la solidez de la dramaturgia/dirección no permite que aflore la incoherencia, el sinsentido. Al contrario, queda claro que existe un trasfondo, un contexto, que lo que acontece en escena no es una mera “ocurrencia”.

En un escenario desnudo y un poco crujiente, austerísimo, se retratan algunas de las miserias de los mezquinos fósiles que –parece- suelen sobrevivir al “amor” (al amor convencional, al de las parejas que conviven, que pretenden compartir “proyectos”): rencor, cálculo de probabilidades, desdén, venganza, autocomplacencia y también la confianza de creer que, tras la ruptura de los códigos vinculantes, nadie puede conocer a una mejor que una misma (o “a uno”, para los lectores y espectadores masculinos), por cuestionable o difuso que sea el término “conocer”.

Al elegir que sus personajes sean mujeres, la falacia o la maravilla del amor/dolor puede mostrarse un poco menos velada que en las relaciones “hetero” donde hay implícita, inevitable, ubicua, una desigualdad de poder, de recursos, de socializaciones. Sin que esto signifique una cristalización ni la pretensión de borrar todas las diferenciaciones que puede existir entre dos personas cualesquiera (aún siendo ambas mujeres).



Las protagonistas de Tortita, una calculadora e hiper egoísta, la otra atravesada por las dificultades de su estar en el mundo, por los aspectos sociales y relacionales de su lesbiandad, víctima conciente y dolorida (pero inactiva) de la lesbofobia, tienen nombres compuestos y casi excesivos en la economía retórica y material de la puesta. Nombres que son, según yo lo entiendo, marcas claras de la irónica forma que tiene Martín de relatar sus historias.

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