miércoles, 28 de julio de 2010

Volvemos en Septiembre


En septiembre de 2010...


Volvemos...


Por que a falta de pan... buenas son las tortas.

http://www.tortasdemanteca.blogspot.com/

miércoles, 21 de julio de 2010

Critica de ABC Cultural


“QUIERO PASAR UNA TARDE CON FRANCO”, LO ÚLTIMO DE TEATRO CRUDO



El elenco que interpreta a la familia Longo, filosos e impresentables
Crédito: Martín Marcou

“La merienda es una comida ligera que a veces puede caerte pesada” es la síntesis argumental de Quiero pasar una tarde con Franco, la nueva comedia escrita y dirigida por Martín Marcou, donde el amor entre dos chicos enmarcado en una tarde de té y una familia con sobradas miserias y mínimos tapujos conforman el eje central.

Valentino invita a merendar a Franco en agradecimiento por haberlo ayudado en un robo donde fue víctima. Entre miradas, sonrisas y charlas cotidianas y graciosas, que van ahondando en las personalidades y gustos de cada uno, comienzan a atraerse. Aunque a simple vista no comparten demasiadas opiniones, los une la sensibilidad y las ganas de ayudar a los demás.

Pero la tarde es interrumpida por un vendaval cuando llega Marcela, la madre de Valentino, que a los gritos escupe la rabia que siente por sus problemas laborales, además de dejar en claro que nada la importa la presencia del invitado como para moderar sus palabras. Su hijo se sonroja pero acepta la situación.

Luego entra en la casa Fabiola, hermana del joven y amante de los sandwiches de pastrón y los cigarrillos mentolados, y la sigue Gastón, el primo peluquero adorado por su tía que se está animando al diseño de indumentaria. Para completar el cuadro de la familia Longo se suma El Beto, hermano de Valentino, que deja bien en claro que el trabajo no es lo suyo, y como adicional, no tolera a los homosexuales. Juntos comienzan a desnudar ideas, actitudes y atropellos, avalando la frase “cada familia es un mundo”, pero en este momento Valentino quisiera vivir en otro planeta, o que el espacio testigo del amor entre él y Franco sea otro.

“Siempre me interesó la vida doméstica de los otros, la alegría de vivir y las miserias celebradas, lo imprevisible y lo sufriente, lo que no se puede clasificar y lo desconcertante. ‘Quiero pasar una tarde con Franco’ esta hecha de ese material y con ausencia de temor al ridículo, desde la libertad que me permito al jugar, mientras busco como contar una historia”, expresa el director sobre la obra que forma parte de la compañía Teatro Crudo, nacida en 2006 y encabezada por el autor.

Quiero pasar una tarde con Franco es una historia que realza lo cotidiano, las situaciones íntimas que ocurren puertas adentro de una casa donde todo se habla y se grita, nada se guarda. La diversidad, la elección sexual y la lucha por los derechos igualitarios para todos los seres humanos forman parte de la obra, sin descuidar el amor y la sensibilidad que caracterizan, y marcan a fuego, las creaciones de Martín Marcou.

por Laura Gilardenghi
laurag@abccultural.com.ar


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domingo, 18 de julio de 2010

Crítica de Revista Siamesa



Quiero pasar una tarde con Franco,
lo nuevo de Martín Marcou

por Nico Pose


Valentino y Franco toman la merienda sin llegar a entenderse del todo bien. Recién se están conociendo, y Valentino con juegos trata de avasallar la timidez de Franco.

Se conocieron hace poco. Y tal vez, nunca se hubieran conocido si Valentino no hubiera sido robado, y si Franco no lo hubiera querido ayudar.

Ahora están en el comedor de la casa de Valentino, merendando, y mientras éste habla con el tímido Franco le pregunta qué galletita sería, o qué música cree él que tendría cada marca de galletitas, desde la Tía Maruca hasta Melba-que tienen nombres de viejas-; desde las variedades hasta las Tentaciones, y en todo caso, si la marca de alguna galletita puede llegar a definir la personalidad de alguien.

Ambos parecen acercarse de a poco, a medida que Valentino con su simpatía comienza a hacer ceder las resistencias que opone la timidez de Franco. Hasta que de repente, aparece la madre de Valentino en escena, y adiós a la intimidad, adiós a lo que se venía dando de a poco, adiós a lo que parecía nacer naturalmente entre ellos dos. Nada: silencio. De la tibia dulzura de la timidez de Franco a la extroversión impúdica de la madre de Valentino. Y de allí en más, todo se comienza a descontrolar. La familia, a Valentino lo condena. No es difícil ver por qué Valentino es cómo es cuando conocemos a su familia, y no es difícil darse cuenta por qué él quiere a Franco cuando éste contrasta tanto con su familia. Franco es paz, juego, intimidad, diálogo, y sabe escuchar... Su familia, es casi lo opuesto, siempre sostenida bajo la batuta que maneja su madre.

Martín Marcou, ya nos ha demostrado el talento que tiene para construir diálogos, para que éstos sean tan naturales, donde el juego con la oralidad siempre está presente en todas sus obras como una marca de autor. En este caso, su última obra no es la excepción, donde la familia de Valentino, una familia de clase media baja-el estrato que suele representar Marcou en sus obras-como sucedía en Lamevulva-, pronuncia palabras de otras lenguas sin naturalidad, de forma afectada, como lo hace la madre con budín,-en vez de decir, budín, ella dice búdin-, o con otras palabras. La risa de la platea se desprende con estos momentos tan imprevisibles en la obra como reales. Es en estos pequeños detalles donde se nota el trabajo que hace Marcou con la oralidad. En estos pequeños momentos se define un poco el sello que caracteriza a Marcou, y su gran interés por la perfección y la naturalidad de los diálogos. Claro que no solamente es eso, sino también la estética que sigue manteniendo este director, donde sus obras se hacen reconocibles por el humor mezclado con el drama, sin que estos dos se raspen, se contrasten o alteren la acción; todo lo contrario, se fusionan con naturalidad, y así, del humor se pasa rápidamente a una situación más dramática, cambiando la mueca del espectador en determinados tramos de la obra. Si bien esta última obra de Marcou es más graciosa que otras, no por eso deja de ser dramática. La diferencia está en que en ésta, se acentúa más la comedia sobre el drama, en esa familia disfuncional que afecta los destinos más inmediatos entre Franco y Valentino.

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viernes, 9 de julio de 2010

Crítica en Suplemento Soy - Página12 - Por Pacha Brandolino


soy


En franca decadencia

Quiero pasar una tarde con Franco, dirigida por Martín Marcou, pone en escena los fantasmas de toda familia tipo con hijo gay incluido.

Por Pacha Brandolino

La pequeña semblanza de una familia tipo. O las delicias de la vida familiar. O cualquier otro slogan que dé cuenta de una escena doméstica, como sacada de una casa de barrio de Buenos Aires.

Una familia no tan disfuncional o semifuncional, con esa disfuncionalidad perversa de la clase media con mala conciencia y sentido común, cuyo retoño es un hijo varón que salió tan gay como mamá deseaba, con un condimento de Andy Warhol del subdesarrollo: trivial, mariquita, con modos de adolescente tonta alimentada a papas fritas Pringles. A la sazón, el protagonista de una dramaturgia sin sobresaltos. Y así es, la escena ocurre pero no se desarrolla. Es una especie de instantánea en acción en el comedor de una casa en que están merendando dos chicos en tren de levantarse. Se van sumando: la madre sexy y pulposa de uno de ellos, dedicada al telemarketing, que en un ataque de neurastenia, no hace más que despotricar contra su supervisora del trabajo; el primo del muchachito: una loca exacerbada, peluquera y ponzoñosa; la hermana del muchachito, una pánfila despreciada y maltratada por todos, especialmente por su madre. Así las cosas, cuando se suma un tercer hermano, el mayor, venerado y apañado por su madre, presuntamente drogón y vago, se desencadena una especie de tragedia doméstica homofóbica.

El mérito mayor se lo lleva esta pieza por la idea de evitar el tópico de la salida del armario. El chico es puto y está “charlando con un amiguito” y mami está encantada de que así sea; el primo es puto también y es el segundo preferido de mami, su tía. La pobre hermana ha sucumbido al enfrentamiento con su madre en una batalla que perdió antes de nacer; tal como dijo Sigmund: “El conflicto entre madre e hija es el más difícil de resolver”. El hermano mayor convive a regañadientes con el puto y la tonta, en un incesto casi explícito con su madre. Toda una galería de exquisiteces visitadas casi casualmente y que en otras manos habrían dado como resultado un culebrón imposible. Pero parece ser otro el meollo. El punto es que no se sabe cuál. Quizá no lo tenga y, entonces, está muy bien que así sea...

Si es así, necesariamente aparecen otras preguntas: ¿Es el teatro un sitio donde mirar el cotidiano sin más, en un registro hipernaturalista? Entonces, todo bien: se logró el cometido. ¿Debemos suponer que el público va al teatro a “divertirse”, en el sentido de las comedias de Darío Vittori? Luego, también se logró el cometido.

El tratamiento escénico, en cuanto a escenografía, banda sonora y luces, está muy a la altura del resto, incluyendo el aprovechamiento excelente de las posibilidades físicas de la sala.

En suma: o estamos frente al mejor tratamiento que se le pueda dar a estas monstruosidades o estamos en el horno, porque nos reímos y normalizamos lo tremendamente anormal. Espectadores, pasen y vean y díganlo ustedes.

Quiero pasar una tarde con Franco. viernes 23 hs. en Teatro la Tertulia, Gallo 826.


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jueves, 8 de julio de 2010

Critica de CRITICUNDER


Calificación: ★★★

En una merienda como escenario, el juego de seducción entre dos jóvenes varones es inmediatamente arrebatado por la irrupción de la familia del dueño de casa. La familia no se elige, se padece.

Franco ayuda en un robo a Valentino y éste, en agradecimiento, lo invita a merendar a su casa. Sentados a la mesa comienza la búsqueda del romance. Son dos opuestos que se atraen. Franco es profesor de literatura y militante en la lucha de las minorías sexuales y Valentino es fanático de Betty Boop.

Una ingeniosa conversación sobre “masitas” y la intimidad ganada se ve interrumpida por la madre de Valentino. Una madre de esas que es preferible evitar. Una madre amorosa pero cruel, metiche y castradora. Una madre de esas que le tira la lengua. Por momentos, una madre para esconder.

Una situación en la que también intervienen otros miembros de la familia, como el primo peluquero “loca” y Fabiola, una hermana medio opa que come sándwichs de pastrón y que aporta los momentos más graciosos de la obra. Valentino sufre a su familia pero la soporta. La tarde graciosa se vuelve tensa con la entrada del hermano mayor, un chongo siniestro y por momentos patético que tira abajo el proyecto de romance de los protagonistas.

Una “comedia cruda”, como la llama su autor, con un único escenario que contiene además musicales y unos toques de drama. Un buen elenco heterogéneo que aporta lo necesario para querer pasar la tarde con Franco.

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CRITICUNDER Blog dedicado a ofrecer críticas y comentarios

domingo, 4 de julio de 2010

Crítica de Enescenahoy



Quiero pasar una tarde con Franco de Martín Marcou

Teatro La Tertulia - Gallo 826 // 6327-0303 - Viernes 23hs. Entrada $35.-




Todos queremos pasar una tarde con Franco

En medio del debate por la ley de matrimonio para personas del mismo sexo, Martín Marcou presenta una obra en la cual ver a dos hombres besándose no sólo resulta natural sino hasta deseable. Valentín invita a Franco a merendar a su casa como agradecimiento ( y porque había onda también) por haberlo ayudado en un intento de robo del que fue víctima. Entre galletitas dulces y tazas de té, se da un hermoso juego de seducción lleno de frescura y naturalidad entre estos dos jóvenes que están mucho más allá del debate arcaico que vemos en los medios y mucho más acá del sentimiento genuino.

Pero como el amor nunca es fácil (tengas la orientación sexual que tengas) en medio de tan agradable tertulia aparece la familia de Valentín, un grupo de gente impresentable que haría salir corriendo al mas bienintencionado de los pretendientes. En medio de madres que recuerdan anécdotas incontables, hermanos con calzoncillos de leopardo, hermanas bobas y primos peluqueras de barrio; Franco resiste los embates de cada uno sólo por permancer cerca de Valentín que, a esta altura, ya no puede disimular a su indescriptible familia.

La obra no tiene un conflicto troncal sino que llega hasta la presentación de los personajes, pero esta presentación tiene la fuerza necesaria para generar interés y mantener la atención del espectador. Se destacan ampliamente las actuaciones de Marco Gianoli y Hernán Lettini que juegan sus papeles con mucha naturalidad y conexión, como si ese romance incipiente estuviera ocurriendo realmente. El resto del elenco, trabajado en un tono más grotesco, acompaña correctamente la acción pero (quizás por una necesidad de contraste) no consigue integrarse del todo a la fluidez de los protagonistas. La obra nos muestra lo natural que es el amor entre hombres y en ese intento a veces cae en una discriminación inversa porque la pareja central son jóvenes, lindos y agradables mientras que el resto es directamente impresentable. Aún así, el logro del director está dado en las escenas entre Valentín y Franco en las que se puede ver el espíritu de la obra.

Una divertida comedia que nos cuenta que siempre hay alguien al que no le importa con quien vivamos, cómo es nuestra familia o si decimos masitas en vez de galletitas; alguien que quiere cantarnos "el himo de mi corazón" de Miguel Abuelo y llenarnos de besos. En fin...quién no quiere pasar una tarde con Franco?

Martín Fernández Tojo


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Crítica Diario La Unión


Mientras siguen las discusiones sobre el proyecto de ley que establece el matrimonio homosexual, el teatro apuesta a la reflexión contando una cotidiana historia de amor. Además, Lola Ponce evitó la disputa con Granata, el circo Servian llega a Buenos Aires y Gerardo Rozín fue papá.

En un particular contexto donde la polémica por el matrimonio entre personas del mismo sexo vive un debate que parece interminable, existe un espacio que trata de quebrar el discurso de aquellos que se resisten a la libertad de elección.

“Quiero pasar una tarde con Franco” se presenta, desde hace una semana, todos los viernes a las 23 en la pequeña, pero acogedora sala La Tertulia, del barrio porteño del Abasto.

La síntesis argumental advierte “una merienda liviana que puede caer pesada”. La ficción es sencilla y entretenida. La historia es de un amor, inocente y tierno, entre dos jóvenes del mismo sexo. Pero la idea que subyace la obra va más allá de la vida cotidiana de una familia dentro de su casa. Habla de costumbres, de valores y de prejuicios.

Franco socorre a Valentino de un intento de robo y él, en agradecimiento, lo invita a merendar a su casa. Lo que comienza como una linda tarde de té y galletitas se convierte en un drama, muchas veces cómico, cuando entran en escena los miembros de la desopilante familia de Valentino: una madre omnipotente, el amanerado primo peluquero y sus hermanos; la mujer lenta y defectuosa y el varón, homofóbico.

En adelante, se combina lo más bizarro de la vida doméstica, las miserias humanas, con un toque de humor negro, y la vida rutinaria de una familia que en el interior de su casa muestra una gran diversidad, que no es sólo la sexual.

“Quiero pasar una tarde con Franco” cuenta con una trama sencilla, pero comprometida, que dejará pensando al espectador que cada persona debería ser respetada en su integridad como ser, más allá de su orientación sexual.

Martín Marcou es el autor y director que una vez más, elige una temática audaz, aunque con un título naif a comparación con sus anteriores piezas: “Desmesura Vaginal”, “Tortita de Manteca” o “Lame Vulva”. El dramaturgo lo explica a La Unión: “la diferencia es que antes apareció primero el título y en este caso fue, ante todo, la idea de contar una historia de amor con rasgos de humor”.

Marcou comenzó a perfilar esta obra hacia fines de 2009, cuando no estaba instalado en la sociedad el debate del matrimonio entre personas del mismo sexo. La “casualidad” alegra al director: “sólo pensé en tomar una posición, que no deja de ser política, pero sin quererlo se transformó en un aporte a la visibilidad. En este contexto, suma”.


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